Las expendedoras me aman
Siempre me ha parecido que en el Universo hay una especie de conspiración, que todo está puesto en mi contra y que no tengo ningún hombro amigo en este planeta.
Pero últimamente hay un factor a favor, unos seres que parecen habérseme aliado en mi cruzada por la vida de forma benévola y desinteresada: las máquinas expendedoras.
Hecho 3
Hoy se me ha antojado un algo y… bueno, dejaré que esto lo explique por mí:



En efecto: cuando llegué a la máquina el sandwich estaba encajado ahí, en el umbral entre dos mundos, una rendija en los principios capitalistas. Transgresión pur. Y entonces, conociendo los casos anteriores de suerte con estos cacharros (que ahora pasaré a relatar), me pedí las galletas que estaban justo encima del sandwich, pudiendo haber cogido . Un atrevimiento loco, lo sé, pero… ¡mi plan funcionó! =D
Hecho 2
Máquina de refrescos de mi facultad. Mi compañero se quería pillar una cocacola, pero metía monedas y la máquina las escupía. Voy yo y digo «espera, lo mismo hay que darle al botón antes». Eso hago y… ¡zasca! Cocacola que cae por la cara, sin haber metido pasta. Me la quedo yo, obviamente.
Hecho 1
El Hecho 1, el primero, el primigenio, es igual que el Hecho 3, pero mejor aún. Me pedí las galletas, todo igual, salvo que en vez de tirar el sandwich… se quedó encima. Genial. Me devolvió el dinero. Volví a meterlo y marqueé otra cosa, algo que no estuviese justo encima del complejo sistema de snacks atascado, pero resultó estar más cerca de lo que creía… hubo un contacto tangencial entre el cuerpo en caída libre y el atolladero y… ¡tres por uno! El mayor WIN de mi vida, probablemente.
Esta sucesión de acontecimientos no hacen sino descartar cualquier posibilidad de casualidad. Hay una fuerza actuando, una conspiración de máquinas automáticas a mi favor, lo tendré en mente y no pienso desaprovecharlo.